24.10.2021 Mogón – Villacarrillo

“Ánimo, levántate, que te llama:” misión fundamental de los discípulos

Jeremías 31, 7-9; Salmo 125; Hebreos 5, 1-6; Marcos 10, 46-52

Hoy es el Domingo Mundial de las misiones. La Iglesia nos invita a reflexionar sobre nuestra respuesta personal, a la misión de Cristo. Es un día especial para revitalizar nuestra fe, y re-dedicarnos a la misión de Cristo. Es también, un día para mostrar una solidaridad especial a todos los verdaderos misioneros que han respondido al mandato de Cristo: “Id, pues, haced discípulos de todas las naciones.”

En su mensaje para Domund de este año, el Santo Papa Francisco nos recuerda que “Misión es y ha sido siempre la identidad de la Iglesia: ‘Ella existe para evangelizar.’ Nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos.” (Papa Francisco, mensaje para Domund, 2021).

La primera lectura de la profecía de Jeremías recoge muchas palabras que tiene relevancia para la misión: gritad de alegría, regocijaos, proclamad, alabad y los confines de la tierra. Por alegría de experimentar la fuerza del amor de Dios en nuestras vidas, no podemos callarnos, “no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4:20), sino proclamamos con voz alto hasta los confines de la tierra las maravillas del Señor. “Los confines de la tierra no significa otra parte del mundo, sino que nuestra proclamación, nuestro testimonio, nuestra alabanza tiene que empezar dentro de nuestras propias casas hasta afuera. No podemos compartir el mensaje del evangelio a los demás si no estamos convencidos, no podemos proclamar a los demás con autoridad y autenticidad si no podemos compartirlo primero con los que están cerca – familia, vecino, compañeros etc. Misión es un deber fundamental para cada cristiano y este deber sigue siendo urgente hoy mas que nunca.

En la propia palabra del salmista (salmo 125) de hoy: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.” Como lo que dice esta salmista todos los misioneros en el mundo, llevar semillas de la fe a los demás, muchos de ellos en tierras y situaciones difíciles, pero al final con la ayuda de Dios, de oración a los cristianos y la solidaridad ellos pueden volver cantando, trayendo las gavillas de la fe.”  Ser misionero no es fácil por eso ellos necesitan nuestra apoyos y oraciones.

Para misión se necesitar los hombres imperfectos como son, pecadores, ignorantes, pero con un ardiente amor por Dios para que no dependen en sus cualidades, inteligencia y virtudes, pero totalmente por la gracia de Dios. Eso es lo que podemos entender de la Segunda Lectura de la Carta a los hebreos. Un sacerdote, misionero, catequista tiene que ser débil para que puede ayuda a los débiles. Eso es lo que el Cardinal Robert Sarah llamará “el sanador herido.”

En el evangelio de hoy vemos al ciego y pobre Bartimeo anhelando par la curación y la liberación. No permitirá que esta oportunidad lo pase. Así que, como un hombre ahogándose, gritó por ayuda: “¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!” El evangelista Marcos le describe con un matice muy importante: “un mendigo ciego, sentado al borde del camino pidiendo limosna.”

El ciego Bartimeo, representa a todas aquellas personas está constantemente anhelando para curación y liberación de la debilidad, enfermedad, la pobreza y pecado. Hay muchas personas que están sentado al borde del camino. Sentado al borde del camino en este sentido no solo significa los que por cualquier limitación no pueden alcanzar, o maximizar sus potenciales en la vida. Pero también, aquellas personas que están lejos de creer en Dios, de practicar la fe, de practicar caridad, de creer en hacer lo bueno y el bien. Estas personas no están lejos de nuestro entorno. Ellos también necesitan nuestra ayuda.

A veces estas personas están gritando en busca de ayudar para salir de esta situación, pero nadie los escuche. “Ánimo, levántate, que te llama” dicen los discípulos al Bartimeo. Como misioneros tenemos que actúa como los discípulos, prestando atención a estas personas que están al borde del camino y llevándolos al Señor. Es importante notar que, Bartimeo no creyó porque fue curado. Más bien, se curó porque creyó, y humildemente clamaba por ayuda. Así que, al ver su fe, Cristo le dijo: “¡Tu fe, te ha curado!” Hay un simple refrán que dice: “Si no estás cansado de orar, Dios no está cansado de oírte.”

Al celebrar el domingo de la misión hoy, la voz de la salvación nos sigue llamando a ser más fieles a la misión de Dios en tanto nosotros mismos y en otros. Y especialmente de ser atentos de escucha a todas aquellas personas que están al borde del camino en la vida y en la fe.