
Isaías 5,1-7, Salmo 79, Filipenses 4,6-9, Mateo 21,33-43
La parábola de las uvas silvestres del libro de Isaías 5:1-7 plantea muchas preguntas cuando reflexionamos sobre ella. Por ejemplo, ¿por qué la viña producirá uvas silvestres incluso después de los privilegios y cuidados que recibió? Fue seleccionada entre las mejores cepas, plantada en la ladera más fértil, desherbada, limpia de piedras y rodeada de los mejores servicios.
El propietario incluso convocó un juicio público: “¿Qué más había que hacer por mi viña que yo no hubiera hecho?” Era un caso de dedicación y cuidado absolutos. ¿Hay algún límite al que Dios no haya llegado por nuestro bien? Como el inquilino de la parábola de Mateo (Mt. 21:33-43), Dios nos lo da todo, incluido a su hijo unigénito. Dios va más allá por nosotros, y si eso es así, debemos cuestionarnos constantemente la calidad de nuestra respuesta a Dios. No podemos recibir todas las bendiciones y misericordias de Dios y aún así resultar como uvas silvestres. En el día del juicio final, nuestra condenación no vendrá de la falta de misericordia de Dios, sino de nuestra total negativa a responder a su gracia absoluta.
Las parábolas de las lecturas de hoy nos recuerdan que todos somos inquilinos (arrendatarios) en la viña del Señor, que es la Tierra. Lo que se exige de los inquilinos es que sean dignos de confianza, responsables y rindan cuentas al dueño. Si no somos fructíferos, responsables y rendimos cuentas, entonces Dios nos quitará la viña y se la dará a quienes la cultiven adecuadamente, den frutos y rindan cuentas. Nos habla de la generosidad y la confianza de Dios. La viña está bien equipada con todo lo que necesitan los labradores. El propietario (dueño) se marchó y dejó la viña en manos de los trabajadores, empleados, labradores. Dios, del mismo modo, confía en nosotros lo suficiente como para darnos libertad para dirigir la vida como queramos. También nos habla de la paciencia y la justicia de Dios. No una, sino muchas veces perdona a los labradores sus deudas. Pero, aunque los inquilinos se aprovechan de la paciencia del dueño, al final prevalecen su juicio y su justicia.
El apóstol Pablo, en la segunda lectura de hoy, nos exhorta a ser buenos inquilinos, responsables y rendir cuentas de este modo: “Por último, amados, todo lo que es verdadero, todo lo que es honorable (noble), todo lo que es justo, todo lo que es puro, todo lo que es agradable (amable), todo lo que es encomiable (laudable), si hay alguna excelencia y si hay algo digno de alabanza, pensad en estas cosas.”
Oh Señor ayudarnos a ser buenos y responsables inquilinos en este mundo que tu nos ha dado.