
Readings: Jeremiah 20:7-9, Psalm 62, Romans 12:1-2, Matthew 16: 21-27
The readings today encourage us to overcome all reluctance and obstacles and to surrender ourselves to Christ completely. In the first reading, Jeremiah lamented: “Lord, you have seduced me; you have overpowered me.” He complained about the toughness of his mission. Lord God, you did not tell me it was this difficult! Of course, at the beginning of his call, he resisted God, making excuses: “Lord God, truly I do not know how to speak. I am only a boy.” However, God insisted that He had chosen him even from his mother’s womb. (Jer 1:4-10).
Jeremiah’s resistance, submission, and ordeal tell us that nothing can prevent the mission of God, not even our resistance. This is especially when his hands are upon one. Though Jeremiah resisted, he eventually submitted to God: “And I have let myself be seduced.” He conformed to God’s will and was no longer in charge of himself. Instead, the word of God burned like fire in him, and he could no longer resist preaching it.
After submitting to God, Jeremiah, who was very timid and did not know how to speak, became transformed. There is much mystery in God! We over assume that our mission must be easy at all times. Unfortunately, it is not always so. Faithfulness to God sometimes brings us trials, disappointments, and even sufferings. At times, he allows us to experience horrific pains. However, despite all these, He shields and blesses us.
Paul is very emphatic in the second reading, “Offer yourselves as a living sacrifice, holy and acceptable to God.” He calls us to submit to God without resistance and reservation. To present our bodies is to submit our faculties and the totality of our being. It is total surrender to God. This total surrender is essential to a life of righteousness, joy, peace, and victory in Christ. To offer oneself entirely means accepting all that comes with it. Paul insists that we must conform to Christ rather than to this world. We must seek to please the Lord not the world. Conformity to Christ means living like Christ. Am I Christlike in my actions, in my words and my thoughts?
The renewal of our minds, should lead us to discern the will of God, what is good, pleasing (acceptable) and perfect. Remember that God created us to know Him, love Him and Serve Him. Submission to his will allows us to fulfill this God-given purpose in our lives. Whatever technological advances, development in the world should lead us to a better appreciation of God and not lead us away from God.
In today’s gospel, we see the irony of life. The same Peter who proclaimed that Christ was the messiah last week is today rebuked as “Satan.” Christ rebuked him for being an obstacle to his mission. This shows that though Peter professed that Christ is the Messiah (as God revealed it to him), he has not fully understood the nature of Christ’s mission. He still sees it only from the perspective of royalty and glory. Of course, he was eager to participate in these. This also teaches us that we are all vulnerable to making mistakes and falling, no matter how spiritual we are. So, we must take the admonition of Paul seriously: “Let him who thinks he stands, take heed lest he falls” (1Cor 10:12).
As we come together to worship God today, let us ask the Lord to renew in us each day the various graces He has given to us, so that we may not be weary of witnessing to Him, offering the best of ourselves to God and allowing his will to be done in and through us. Let us allow ourselves to be drawn to the Lord, to be seduced by Him that we may seek always to do what is good, pleasing and perfect in His eyes. Amen.
Ofreced vuestros cuerpos como sacrificio vivo
Las lecturas de hoy nos animan a superar todos los obstáculos y a entregarnos por completo a Cristo. En la primera lectura, Jeremías se lamentaba: «Señor, me has seducido; me has vencido». Se quejaba de lo dura que era su misión. ¡Señor Dios, no me dijiste que fuera tan difícil! Por supuesto, al principio de su llamada, se resistió a Dios, poniendo excusas: «Señor Dios, en verdad no sé hablar. No soy más que un muchacho». Sin embargo, Dios insistió en que lo había elegido incluso desde el seno de su madre (Jer 1, 4-10).
La resistencia, la sumisión y el calvario de Jeremías nos enseñan que nada puede impedir la misión de Dios, ni siquiera nuestra resistencia. Esto es así especialmente cuando Él pone Su mano sobre alguien. Aunque Jeremías se resistió, al final se sometió a Dios: «Y me he dejado seducir». Se ajustó a la voluntad de Dios y dejó de ser dueño de sí mismo. En cambio, la palabra de Dios ardía como fuego en su interior, y ya no pudo resistirse a predicarla.
Tras someterse a Dios, Jeremías, que era muy tímido y no sabía cómo hablar, se transformó. ¡Hay mucho misterio en Dios! Damos por sentado que nuestra misión debe ser fácil en todo momento. Por desgracia, no siempre es así. La fidelidad a Dios a veces nos trae pruebas, decepciones e incluso sufrimientos. En ocasiones, Él permite que experimentemos dolores horribles. Sin embargo, a pesar de todo ello, Él nos protege y nos bendice.
Pablo es muy enfático en la segunda lectura: «Ofreced vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios». Nos llama a someternos a Dios sin resistencia ni reservas. Ofrecer nuestros cuerpos significa someter nuestras facultades y la totalidad de nuestro ser. Es una entrega total a Dios. Esta entrega total es esencial para una vida de justicia, alegría, paz y victoria en Cristo. Ofrecerse por completo significa aceptar todo lo que ello conlleva. Pablo insiste en que debemos conformarnos a Cristo y no a este mundo. Debemos buscar complacer al Señor, no al mundo. Conformarnos a Cristo significa vivir como Cristo. ¿Soy semejante a Cristo en mis acciones, en mis palabras y en mis pensamientos?
La renovación de nuestras mentes debería llevarnos a discernir la voluntad de Dios: lo que es bueno, agradable (aceptable) y perfecto. Recordad que Dios nos creó para conocerle, amarle y servirle. La sumisión a su voluntad nos permite cumplir este propósito que Dios nos ha dado en nuestras vidas. Cualesquiera que sean los avances tecnológicos o el desarrollo del mundo, deberían llevarnos a apreciar mejor a Dios y no alejarnos de Él.
En el Evangelio de hoy vemos la ironía de la vida. El mismo Pedro que la semana pasada proclamó que Cristo era el Mesías, hoy es reprendido como «Satanás». Cristo le reprendió por ser un obstáculo para su misión. Esto demuestra que, aunque Pedro profesó que Cristo es el Mesías (tal y como Dios se lo reveló), no ha comprendido plenamente la naturaleza de la misión de Cristo. Sigue viéndola únicamente desde la perspectiva de la realeza y la gloria. Por supuesto, estaba ansioso por participar en ellas. Esto también nos enseña que todos somos propensos a cometer errores y a caer, por muy espirituales que seamos. Por eso, debemos tomarnos en serio la advertencia de Pablo: «El que cree estar firme, tenga cuidado de no caer» (1 Cor 10, 12).
Al reunirnos hoy para adorar a Dios, pidámosle al Señor que renueve en nosotros cada día las diversas gracias que nos ha concedido, para que no nos cansemos de dar testimonio de Él, de ofrecer lo mejor de nosotros mismos a Dios y de permitir que se haga su voluntad en nosotros y a través de nosotros. Dejémonos atraer por el Señor, dejémonos seducir por Él para que busquemos siempre hacer lo que es bueno, agradable y perfecto a sus ojos. Amén.