04.09.2022 – Mogón-Villacarrillo-Iznatoraf-Villanueva del Arzobispo

Compromiso y Sacrificio

Sab 9, 13-18; Salmo 89, 3-6. 12-14; Fil 9, 10 -17; Lc 14, 25-33

Este domingo, la Iglesia celebra el espíritu de compromiso y sacrificio de Cristo. Es el espíritu de auto sacrificio que nos motiva a hacer lo inimaginable. Era el espíritu de compromiso y sacrificio que hizo que Jesús renunciara a todo, incluso a su propia vida para nuestro bien.

La primera lectura de hoy llama la atención sobre la profundidad de la sabiduría de Dios. Sólo Él sabe sus intenciones para la humanidad. Esta intención ha sido revelada en Cristo, que voluntariamente se sacrificó para salvarnos. Es el espíritu de la sabiduría que nos ayuda a penetrar en el misterio de la intención de Dios revelado en Cristo. Y se convierte en espíritu y vida para nosotros.

En la segunda lectura, Pablo envió a Onésimo hacia Filemón en el espíritu de sacrificio. Aunque Pablo necesitaba a Onésimo y tenía todo el derecho a retenerlo, le permitió Filemón volver a su antiguo jefe, que igualmente le necesitaba. Filemón también tenía que sacrificar algo. Él tiene que soltar todo su recelo contra Onésimo. Por lo tanto, se amonestó para recibir a Onésimo como un hermano, más que como un esclavo. Pablo nos enseña que igualmente, podemos sacrificar nuestra comodidad para restaurar a los demás y que debemos estar dispuestos a hacer algunos sacrificios para reparar y restaurar las relaciones rotos.

Jesús nos invita en el evangelio a emular su espíritu de compromiso y sacrificio. Él dice: “Si alguno viene a mí sin odiar a su padre, madre, esposa… y su propia vida también, él no puede ser mi discípulo.” ¿Qué quería decir Cristo con “odiar”? Él simplemente nos enseña y nos llama a aprender a hacer sacrificios y para estar comprometidos con nuestras misiones evangélicos.

Cristo no nos está llamando literalmente a odiar a los miembros de nuestra familia para ser sus discípulos. Él amaba y obedecía a sus propios padres. No está de ninguna manera predicando el evangelio del odio. Él quiere que seamos más comprometidos con su evangelio. Quiere que estemos dispuestos a sacrificar nuestra propia comodidad cuando el deber llama. Maximiliano Kolbe hizo esto en el campo de concentración de Auschwitz en 1941, ofreciendo su vida por un compañero de prisión, para que él pudiera vivir para cuidar de su familia. Cristo quiere que imitemos el espíritu de sacrificio y compromiso.

Para ser discípulos de Cristo, significa estar dispuestos a hacer sacrificios. Llevar nuestra cruz y seguirle a Cristo significa someter nuestra voluntad para hacer su voluntad. Es decir, estar dispuestos a dejarlo todo. Sin compromiso y sacrificio, nos mantendremos apegados a nuestra voluntad y así, no podemos ser verdaderos discípulos de Cristo. Sin compromiso y sacrificio, no podemos ver las necesidades de los demás. El compromiso y el sacrificio nos ayudan a renunciar a cualquier cosa para ganarlo todo. Nos ayudan para ser mejores discípulos de Cristo. Nos ayudan a ser mejores esposos, esposas, padres, e hijos. Nos ayuda a ser mejores líderes e incluso servidores. En el espíritu de compromiso y sacrificio, la sabiduría de Dios se convierte totalmente viva y activa en nosotros. También, nos ayuda a profundizar nuestra confianza en la divina providencia y protección de Dios.