03.07.2022 – Mogón-Iznatoraf-Villanueva del Arzobispo

Instrumentos de la Paz de Jesucristo

Is 66, 10-14; Sal: 65; Ga 6, 14-18; Lc 10, 1-12

“Nada se pierde por la paz…Jesús nos trae paz, y nos deja la paz” (Pío XII). En este décimo cuarto domingo, la iglesia llama nuestra atención a la necesidad e importancia de paz en nuestro mundo. También, nos recuerda que Cristo es la fuente de nuestra paz. Uno de los más importantes deseos de la humanidad es, vivir una vida pacífica. Normalmente uno esperaría que, con todos los descubrimientos e invenciones científicas en nuestro mundo, que la humanidad gozara más paz y armonía. Por desgracia, no ha sido así. Esto es porque la paz viene de Dios. Así que, debe ser apreciada, nutrida y conservada.

En la primera lectura de hoy, Dios en su infinita bondad nos ofrece paz: “Ahora, yo haré correr hacia ella la paz como un río.” Si permitamos que esta paz fluya en nuestros corazones y guie nuestras vidas, estaremos satisfechos. Nuestras comunidades y el mundo entero convertirán en un lugar maravilloso. Por lo tanto, estamos llamados a ser mensajeros, agentes e instrumentos de paz. Se debe fluir desde, y a través de nosotros a los demás.

Por desgracia, hoy en día hemos perdido la marca. Muchas veces, asumimos que la paz viene de cosas materiales o de las riquezas físicas. Es decir, cuántos coches, casas, ropas, o incluso la cantidad de dinero que uno tiene en su cuenta. Según Jürgen Moltmann: “La paz es la bendita alegría de una vida exitosa. Es la plenitud de la vida en la presencia del Dios vivo. Es la plenitud de la vida en el amor mutuo de los seres humanos. Es la plenitud de la vida en la comunidad de la creación con todas las otras criaturas.” Hermanos, esta paz solo puede fluir de Jesucristo el príncipe de paz.

San Pablo ora por la paz y misericordia a todos los que siguen la voluntad de Dios: “Paz y misericordia a todos los que siguen esta regla, que forman el Israel de Dios.” Es decir, logramos paz en nuestros corazones, hogares, comunidades, sociedades y mundo, sólo cuando caminamos según la voluntad de Dios. Así que, debemos hacer espacio por la paz, para que nuestra alegría sea completa en Jesucristo. Crear espacio por la paz es hacer sacrificio y no sea egoísta.

“¡Que la paz de Cristo reine en sus corazones!” La ausencia de paz en cualquier corazón, familia, comunidad, sociedad o nación la deja devastada. Paz avanza nuestras comunidades. Cualquier familia y comunidad que acoge y vive en paz, acoge la oportunidad para prosperar tanto espiritual y materialmente. El ejemplo de Ucrania y de muchos países/familias en guerra nos deja un mensaje fuerte.

En el Evangelio de hoy Jesús nos equipa con el mensaje que debemos llevar a nuestro mundo: “Que la paz reine en esta casa.” Es un regalo que debemos ofrecer a nuestro mundo. Jesús sabe muy bien que es la que nuestro mundo necesita más. Por eso, Él está siempre dispuesto a darnos la paz. Con la paz que Cristo nos ofrece, podemos transformar nuestro mundo de la cultura de guerra, del odio y de la indiferencia, a una cultura de paz. Él nos invita a ser instrumentos de su paz y armonía en nuestro mundo.

Finalmente, paz es preciosa. Como alegría, paz es contagiosa. Si la tenemos, podemos afectar a los demás positivamente. Por lo tanto, como San Francisco de Asís, oremos al Señor: “Hazme un instrumento de tu paz, donde haya odio, lleve yo tu amor; donde haya injuria, tu perdón; donde haya duda, fe en ti; donde haya desesperación, la esperanza; donde haya tinieblas, la luz; y donde haya tristeza, la alegría”