Isaías 50,4-7, Salmo 22, Filemón 2,5-11, Marcos 11,1-10

Jesús fue a Jerusalén sabiendo muy bien lo que le esperaba: traición, rechazo y crucifixión. Las multitudes de Jerusalén lo aclamaron como su Rey Mesiánico. No sabían lo que le costaría a este rey inaugurar su reino. 

La entrada de Jesús en Jerusalén montado en un pollino fue el cumplimiento directo de la profecía mesiánica de Zacarías (9:9): “Alégrate mucho, hija de Sion. Grita en voz alta, hija de Jerusalén. He aquí que tu rey viene hacia ti; triunfante y victorioso, y montado en un asno y en un pollino hijo de asno”. La procesión triunfal del Rey de la gloria también se hace eco del mensaje profético del Salmo 24: “¡Levantad la cabeza, oh puertas! y levantaos, ¡oh puertas antiguas! para que entre el Rey de la gloria”.

El pollino era un signo de paz. Jesús entra en Jerusalén con mansedumbre y humildad, como el Rey mesiánico que ofrece la victoria y la paz a su pueblo. Esa victoria y esa paz estarían aseguradas en la cruz y la resurrección que pronto tendrían lugar en el momento de la Pascua. 

Las multitudes que acompañaban a Jesús cantaban con alegría: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Hosanna que originalmente era un canto de súplica urgente que significa: “ven en nuestro auxilio”, utilizado por los sacerdotes durante la fiesta de los Tabernáculos, adquirió con el paso de los años tintes mesiánicos y en los labios de los peregrinos que acompañaban a Jesús y a sus discípulos se convirtió en una expresión de emociones complejas. Hosanna significa para ellos una alegre alabanza a Dios con la esperanza de que haya llegado la hora del Mesías, cuando el reinado de Dios sobre Israel se restablezca a través de este hijo de David. 

Mateo añade un detalle importante a esta narración (Mateo 21:10-11). Registra que cuando los que estaban en Jerusalén escucharon a la multitud aclamando y cantando Hosanna a Jesús, Hijo de David, preguntaron: “¿Quién es éste?” Y la multitud respondió Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Es importante señalar que la multitud que rindió homenaje a Jesús en la puerta de la ciudad de Jerusalén no era la misma que luego exigió su crucifixión. Así, entre el Domingo de Ramos y el Viernes Santo se nos muestran dos tipos de actitudes y respuestas ante Jesús: la aceptación y el rechazo. ¿A qué lugar perteneces?

Jesucristo vino a traernos el reino de Dios. Él es el verdadero Rey que ofrece paz, alegría y vida eterna a los que aceptan su realeza. Estamos invitados, como los que gritaron “Hosanna”, a acoger al Rey de la gloria en nuestros corazones y nuestros hogares. Y que nuestros muros resuenen con la alabanza de su gloria.

Señor Jesús, sé el Rey y el Gobernante de nuestros corazones, mentes, vidas y hogares. Que nuestras vidas reflejen tu mansedumbre y humildad para que seas honrado como el Rey de la gloria.