2Samuel 7,4-6, 12-14, 16, Salmo 89, Romanos 4,13, 16-18,22, Mateo 1,16, 18-21, 24

Por su servicio a Jesús y María durante su vida familiar en Nazaret, San José es honrado como Protector de la Iglesia, la comunidad que continúa la misión de Cristo en el mundo. Es poco lo que sabemos con certeza sobre José, aparte de su nombre y de un par de acontecimientos durante la infancia de Jesús. El Evangelio no recoge ni una sola de sus palabras; podríamos decir que su lenguaje es un silencio pacífico y cumplidor. Escuchaba la voz tranquila que le hablaba en sueños y obedecía pronta y generosamente en lo que se le pedía. Se ganaba el sustento de la familia con el trabajo manual, por lo que más tarde se conoció a Jesús como el hijo del carpintero. Bien podría decirse que José vivió una vida oculta, la vida de un simple artesano, lejos de toda celebridad. Pero ese hombre humilde estuvo muy cerca de Jesús y de María, íntimamente ligado a su vida y dándoles seguridad.

El Evangelio llama a José un hombre justo. Era un hombre pobre, honesto, trabajador, tal vez incluso tímido, pero de profunda vida interior, lo que le dio la libertad de ponerse a disposición del plan de Dios para la infancia de Jesús. José aceptó la responsabilidad y el peso de la vida familiar, renunciando al consuelo del amor conyugal natural por su extraordinaria vocación.

Como dijo el Papa Pablo VI (en 1969), San José “ofreció toda su existencia en un sacrificio total a las exigencias planteadas por la venida extraordinaria del Mesías, al que reconoció como fruto del Espíritu Santo, y como hijo propio sólo de manera jurídica y doméstica. José era un hombre plenamente comprometido, como podríamos decir hoy en día. ¡Y qué compromiso! Compromiso total con María, la elegida de todas las mujeres de la tierra y de la historia, siempre su esposa virgen, nunca su esposa físicamente, y compromiso total con Jesús, que era su descendiente sólo por la descendencia legal, no por la carne. Suyas fueron las cargas, los riesgos y las responsabilidades del cuidado de la Sagrada Familia. Llevó a cabo el servicio, el trabajo y el sacrificio que los cristianos tanto admiran en él; y eso lo convierte en un excelente patrono de la vida familiar.”

El Santo Padre, el Papa Francisco describe a San José con tantos grandes atributos en su Carta Apostólica Patris Corde (8 de diciembre de 2020) como padre amadopadre en la ternurapadre en la obedienciapadre en la acogidapadre de la valentía creativapadre trabajadorpadre en la sombra. Por encima de todos estos atributos y a la luz del evangelio de hoy, se puede resumir todos estos atributos en uno: Un padre con un corazón que escucha. San José da a todos los padres, a los padres modernos y, de hecho, a todos nosotros, una lección de escucha: escuchó la explicación del Ángel sobre el embarazo de María y se llevó a María a su casa como esposa (Mt 1,20); escuchó a Jesús cuando se encontró después de tres días en el templo que tiene que estar en la casa de su padre, haciendo los trabajos de su padre (Lc 2,49-50). A veces, sentimos que tenemos toda la razón, pero la humildad nos ayuda a dar al otro un oído atento porque también él tiene algunas razones. Siguiendo el ejemplo de San José, hoy rezamos por todos los padres y por quienes asumen ese papel paternal en nuestras familias y en el mundo, para que tengan un corazón que escucha, el verdadero corazón de un padre.