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Consistencia en hacer lo correcto

Ezequiel 18: 21-28, Salmo 130, Mateo 5: 20-26

Ezequiel llama a su pueblo a perseverar en hacer el bien y no caer de nuevo en las malas acciones. Según Jesús, el discernimiento del bien y del mal ocurre en lo profundo de nuestros corazones. Más allá de solo mantener la ley, debemos buscar activamente hacer un bien positivo.

Más que simplemente evitar las malas acciones, palabras y pensamientos, como el robo, la violencia o la calumnia, estamos obligados a hacer el bien positivamente y construir relaciones amorosas. Es importante reparar nuestras cercas, socialmente, antes de que podamos relacionarnos adecuadamente con Dios. Antes de ofrecer sacrificios, Jesús dice: “Ve primero y reconcíliate con tu hermano o hermana”. Hacer la paz primero, luego culto.

La reconciliación comienza en el corazón, cuando queremos sanar la ofensa que hemos causado. Con esa intención, podemos, en buena conciencia, unirnos a la Eucaristía. Vinculado a esto está el mensaje de Ezequiel sobre la coherencia en hacer lo correcto, porque “si la persona virtuosa se aparta del camino de la virtud para hacer el mal … ha roto la fe y ha cometido pecado.”

¿Podemos realmente elevarnos a este ideal de hacer constantemente lo correcto? Solo si Dios nos da un nuevo corazón y … pone su propio espíritu dentro de nosotros (Ezequiel 36: 26-27). Ezequiel dice que cualquier cosa que hayamos hecho en el pasado, Dios nos renovará si volvemos a él. Se imagina a Dios diciendo: “No me agrada la muerte de nadie … ¡Regresa a mí y vive!” Para Dios, el pasado ya no importa tanto como ahora, este momento en particular. Como dice un autor: “nunca habrá un borrador para corregir el pasado, pero siempre habrá un lápiz para escribir el futuro.” Ahora (en el tiempo cuaresmal) Dios nos da un lápiz para escribir nuestro futuro de buena relación con Él.

El Evangelio pide una virtud más profunda que simplemente evitar la violación de la ley. La Ley Antigua decía: “No matarás”. Pero Jesús va más allá, para desterrar el tipo de actitudes que llevan a las personas a lastimarse mutuamente. Él quiere sanar nuestras pasiones subyacentes. Para esto, necesitamos la renovación de nuestra personalidad, una verdadera “conversión” de corazón y mente. Necesitamos el Espíritu Santo para transformar nuestra perspectiva. Esto está bien expresado en la oración tradicional: “Ven Espíritu Santo, llena los corazones de los fieles y enciende en nosotros el fuego de tu amor”.

Durante la Cuaresma, pedimos al Espíritu Santo que agite en nosotros el tipo de amor que vivió Jesús y que se espera de todos los hijos de Dios.