28.05.2023 – Iznatoraf – Villanueva del Arzobispo

Envía tu Espíritu, Señor, renueva la faz de la tierra
Hch 2,1-11, Sal 103, 1Cor 12,3-7.12-13, Jn 20,19-23
Hoy celebramos la fiesta de Pentecostés. La Iglesia recuerda el día en que Cristo cumplió su promesa a sus apóstoles, discípulos y a la Iglesia, enviándoles el Espíritu Santo. Es el espíritu el que da la vida, la carne no tiene nada que ofrecer. Fue, en efecto, cuando el Espíritu Santo se infundió en los apóstoles y en la Iglesia, cuando despegó la misión de difundir la buena noticia del evangelio. Es el Espíritu Santo el que animó y sigue animando la misión de la Iglesia. La celebración de hoy nos invita a buscar constantemente la guía del Espíritu Santo en todo lo que hacemos.
En efecto, las lecturas de hoy se centran en el acontecimiento de Pentecostés y en el papel del Espíritu Santo. Los Hechos de los Apóstoles narran el acontecimiento de aquel primer Pentecostés, cómo el Espíritu descendió sobre los discípulos cuando “estaban todos reunidos en un mismo lugar.” Podemos subrayar aquí que siempre que estamos en “unión, comunión y unidad”, el Espíritu de Dios está presente. El Espíritu Santo anima la unidad en la Iglesia.
Los Hechos de los Apóstoles dicen: “Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extrajeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.” San Pablo, en la segunda lectura de hoy, subraya también que el Espíritu concede “dones, carismas y servicios diferentes y diversos” para la edificación de la Iglesia. El Espíritu Santo ayuda a la Iglesia a proclamar el Evangelio en muchas lenguas, culturas, pueblos y edades. En la Iglesia hay también diversos servicios, todos ellos supervisados y guiados por el Espíritu. Porque al igual que el cuerpo humano, aunque muchos todos somos uno en Cristo.
No sé si alguna vez os habéis imaginado el misterio de que las mismas lecturas que hoy escuchamos en nuestra Iglesia aquí en Villanueva en español (nuestra propia lengua) por ejemplo son las mismas lecturas que se leen en los más de 195 países con más de 7.000 lenguas. Esto es un misterio y la obra del Espíritu Santo – el fruto tangible de lo que celebramos hoy – Pentecostés.
El Evangelio de hoy nos recuerda una de las misiones fundamentales del Espíritu Santo: el perdón y la reconciliación. Cristo resucitado sopló el Espíritu sobre sus discípulos diciendo “Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.” La misión de reconciliación de la Iglesia es una obra que sólo puede realizarse por el poder del Espíritu Santo. Cada vez que perdonamos a los que nos ofenden, como rezamos cada día en el Padre nuestro, somos guiados por el Espíritu Santo. Y siempre que nos acercamos al Sacramento de la Reconciliación, para confesar nuestros pecados y buscar la misericordia de Dios, somos guiados por el Espíritu Santo.
Los discípulos salieron sin miedo después de Pentecostés para proclamar el evangelio al mundo; siempre que damos testimonio auténtico de la fe sin avergonzarnos, siempre que hablamos a los demás de Dios, de nuestra fe y de la Iglesia, somos inspirados y guiados por el Espíritu. Que el Espíritu Santo siga guiando a la Iglesia de nuestro tiempo, para que seamos testigos auténticos y audaces del amor de Dios en nuestro mundo roto.
Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la Tierra. ¡Ven, Espíritu Santo, ven!