DOMUND nos recuerda que somos misioneros y que la misión es, ante todo, interior antes de salir.

Fr. Valentine Umoh

Hoy es el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND). Es un día en el que recordamos no solo a los misioneros que están trabajando en nuestro país y en tierras extranjeras para llevar la Buena Nueva de Salvación en Cristo, sino también para recordarnos a nosotros mismos que también somos misioneros en virtud de nuestro bautismo.

En un día como este, recordamos el Mandato Universal de Misión dado a los Apóstoles y por extensión a la Iglesia, muy conocido como “la gran comisión” que se encuentra al final del evangelio de Mateo: “Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (Mateo 28: 18-20, Biblia Navarra)

Los Apóstoles y la Iglesia primitiva fueron fieles a este mandato. Y el fruto de sus esfuerzos misioneros es lo que ahora tenemos “Una Iglesia floreciente y radiante.” El pasado lunes 12 de octubre celebramos la Fiesta de Nuestra Señora del Pilar. El trasfondo de esa famosa leyenda de la aparición de la Virgen en un Pilar es la obra misionera del Apóstol Santiago, que vino a sembrar la semilla de la evangelización aquí en España. A partir de ese momento, la propia España se convirtió en evangelizadora enviando misioneros a muchas partes del mundo, incluidas América Latina, Filipinas, etc. Hoy en día se dice que hay unos 13 mil misioneros españoles dispersos por todo el mundo.

Soy, por ejemplo, un testimonio y fruto del trabajo de los misioneros que llevaron la Fe a mi pueblo hace unos cien años. Algunos de estos misioneros sufrieron tanto malestar incluso la muerte por enfermedades solo para traernos la fe. Dejaron sus castillos, sus coches, su familia y su amado país a países que no solo estaban subdesarrollados económica y políticamente, sino también anticlimáticos. Pero lo que los sostuvo en su misión fue la gracia de Dios y el apoyo que recibieron de quienes los enviaron (sus casas religiosas, la Propaganda Fidei), su país, sus familias y amigos. Al final, su trabajo dio frutos, el cristianismo y el catolicismo surgieron, se hicieron más fuertes y esas personas ahora son misioneras en otros lugares del mundo incluso en Europa hoy en día.

En esta Misa se recogerán algunas ofrendas (colectas) como se hace cada año. Esta ofrenda sirve para ayudar a estos misioneros que trabajan en situaciones especialmente difíciles. Hay un famoso dicho misionero: “algunos dan a la misión yendo, otros dan a la misión dando.” Quienes contribuyen a la misión yendo son, por supuesto, los sacerdotes, religiosos, catequistas, evangelizadores laicos, voluntarios sanitarios y trabajadores sociales que habiendo discernido su propria vocación han aceptado la llamada a ser misioneros. Aquellos que contribuyen a la misión dando son personas como vosotros que contribuyen con sus recursos materiales para ayudar a sostener a estos misioneros en su tierra de misión. Al final, cada grupo, según la gracia que Dios le ha dado, está respondiendo al llamado misionero: “Id, pues, y haced discípulos de (enseñar) a todas las naciones …”

San Pablo es un ejemplo famoso de personas que se dedicaron a la misión. Una mirada más cercana a sus escritos muestra que muchos hombres y mujeres de buena voluntad colaboraron de diferentes maneras para el éxito de su alcance misionero. En la segunda lectura de hoy, escribe a la Iglesia en Tesalónica, una de las iglesias que fundó, Pablo asegura a sus lectores que él ora por ellos y que se alegra por su celo como conversos. Los exhorta a mantenerse firmes en la verdadera enseñanza mientras confirma y anima su fe y celo por el evangelio.

Quiero llamar nuestra atención sobre el hecho de que “nosotros también somos misioneros” y nuestro campo misionero no está lejos de nosotros: la familia. En una situación en la que los padres viviendo bajo el mismo techo con sus hijos, en un domingo o fiesta de precepto, el Padre y/o la Madre se van a Misa o a la Iglesia y los niños tienen una cita en el club o en la playa, es una indicación de que hay una laguna en alguna parte, de ahí la necesidad de la misión familiar. Cuando abuelo/abuela, madre/padre reciben la sagrada comunión cada vez que vienen a misa y los hijos y nietos no están interesados ​​en tales cosas, es un indicio de una laguna y de la necesidad del Apostolado de la Familia.

DOMUND nos recuerda que somos misioneros y que la misión es, ante todo, interior antes de salir. No podemos evangelizar a los demás si no somos evangelizados nosotros mismos. Dios es el Todopoderoso, el creador del cielo y la tierra. “Yo soy el Señor, y no hay otro.” (Isaías 45: 6). Estamos invitados a darle lo que le corresponde, es decir, “todo gloria y honra” (Cf. Sal 95). Le damos gloria y honor escuchándolo. Hoy nos ha recordado que somos misioneros. Somos verdaderos misioneros cuando participamos activamente en la visión misionera de la Iglesia.