13.04.2025 – Iglesia Santa Ana – San Andrés – Vera Cruz (Villanueva del Arzobispo)

La paciencia y la humildad de Cristo

Isaias 50, 4-7; Salmo 21; Filipenses 2, 6-11; Lucas 8, 7. 14-23, 56

Hoy la Iglesia celebra la entrada de Jesús en Jerusalén para realizar su misterio pascual (pasión, muerte y resurrección). Este domingo se llama Domingo de Ramos o de la Pasión. Mientras que el Domingo de Ramos significa realeza y triunfo, el Domingo de Pasión significa sufrimiento y amor. Al ir libremente a Jerusalén, Cristo demuestra su humildad y su voluntad de salvarnos.

La comunidad cristiana comienza a conmemorar una fase crucial del Misterio Pascual de Jesucristo. Conmemoramos la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, así como su pasión. De ahí que la celebración de hoy nos recuerde la doble naturaleza de nuestra vida y nuestro camino cristianos. Hoy se nos celebra y mañana se nos persigue. Hoy somos amados, mientras que al día siguiente somos odiados. Hoy se nos alaba y al día siguiente se nos castiga.

Una lección vital que debemos aprender de todo esto es que, a medida que la vida se desarrolla, nos presenta sus diferentes dimensiones. Las mismas personas que cantan nuestras alabanzas en los buenos tiempos pueden ser las mismas que nos critiquen en el futuro. Hoy, las mismas personas que aplauden a Cristo cantando: «Hosanna al hijo de David» podría ser igualmente la misma gente que grite: «¡Crucifícalo!». Este es el misterio y la dialéctica de la vida. Es un misterio porque, a veces, comprenderla va más allá de nuestra imaginación. Es dialéctica porque estos dos aspectos de la vida nos ayudan a saber quiénes somos y qué significamos para la gente.

Es la historia de Jesús entrando triunfantemente en Jerusalén con aplausos, cantos, júbilos, ramas de olivos, palmas y celebraciones de aprobación del cumplimiento de la promesa mesiánica. Y poco después los jefes del pueblo, empezar a manipular la gente para cambiar su opinión sobre Jesús. Por tanto, vemos como el HOSANNA al Hijo de David, Bendito el que viene en el nombre del Señor cambiar a FUERA de aquí… Crucifícalo… Como los aplausos y cantos cambiar al coronar de espinas, bofetadas, y la cruz.  

¿Acaso soy yo fácilmente manipulable para cambiarme de opinión sobre la gente? ¿Acaso soy yo como estos peregrinos que rápidamente cambiar del palma o ramas de los olivos a la corona de espinas? A veces nos falta paciencia con la gente. No queremos da las personas otra oportunidad. A veces no valoramos suficiente la gente que tenemos alrededor. A veces somos un poco soberbio y no reconocemos la bondad que llevar cada persona. A veces simplemente no queremos entender la gente. Es la historia de la semana santa. Es la historia de Jesús.

Una mirada a las lecturas de hoy retrata la humildad con la que Cristo abordó estas situaciones. La primera lectura procede de una de las canciones del siervo sufriente de Yahvé. Esta canción prefigura a Cristo como el siervo sufriente de Dios. Cristo soportó humildemente su sufrimiento sin poner resistencia. También en la carta de Pablo a los Filipenses vemos la humildad en su apogeo. Se trata del vaciamiento de sí mismo de Cristo: «Siendo de condición divino, no consideró ser igual a Dios, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo»

En la Última Cena, Cristo se humilló sirviendo a sus discípulos y comiendo en la misma mesa con el que le iba a traicionar. Enseñó a sus discípulos a humillarse como él se humilló ante Pilatos y los sumos sacerdotes hasta la muerte.

En todos ellos, la lección para nosotros hoy es que la humildad y paciencia son esenciales en todas las circunstancias de la vida. Esto incluye tanto los buenos como los malos momentos. Cristo era fuerte, pero se hizo humildemente débil para nuestra salvación. Nos enseñó que el verdadero poder reside en el servicio. También nos enseñó que la humildad es una de las virtudes más importantes que necesitamos para nuestro servicio y misión.

Durante su entrada triunfal, Cristo cabalgó sobre un pollino, que simboliza la humildad. En su sufrimiento, Cristo se abandonó a sus enemigos sin oponer resistencia ni contraatacar. Oremos, pues, este domingo para que Dios Todopoderoso nos conceda la humildad necesaria para seguir y servir a Cristo todos los días de nuestra vida. Pedimos al Señor que nuestro hosanna de hoy no ha de convertir en crucifícalo luego. Que nos da paciencia a entender y valorar mas la gente. Y si nos decepcionar también la humildad de poder darles otra oportunidad.