09.03.2025 Santuario del Fuensanta/Villanueva del Arzobispo (Jaén)

Vencer las tentaciones cotidianas de elegir entre Dios y el Diablo
Deuteronomio 26,4-10, Salmo 90, Romanos 10,8-13, Lucas 4,1-13
Acabamos de escuchar en el evangelio de san Lucas cómo el Señor Jesús superó sus tentaciones. ¿Cómo podemos aprender de ello para vencer nuestras propias tentaciones? En la primera tentación, el Diablo quería que Jesús abusara de su identidad y poder como Hijo de Dios, para aliviar su hambre. Más tarde, Cristo utilizó esta identidad y este poder para alimentar a miles de personas. Tenemos que tener siempre presente que nuestra identidad como cristianos, nuestros carismas, dones, talentos y recursos son para el bien de la comunidad, de la familia humana.
En segundo lugar, el Diablo tentó a Jesús para que renunciara a su identidad y a su poder, con el fin de ganar el mundo. Cristo podría haber dicho, vaya, esta es una buena oportunidad para salvar al mundo del Diablo sin la cruz. Esta tentación nos ocurre muchas veces, siempre que pensamos que un fin bueno justifica un medio malo. Nunca se puede hacer el mal para que de él salga el bien. No hay forma buena de cometer pecado. Cada vez que tiramos a la cuneta toda moral, ética o norma en busca de dinero o amor; cada vez que vendemos o traicionamos a un hermano por dinero o poder; cada vez que engañamos, robamos o matamos, ya hemos cedido a esta tentación, eligiendo adorar al diablo. La Cuaresma nos recuerda nuestras opciones y dónde está nuestra lealtad…
Por último, el Diablo tentó a Jesús para que reivindicara su identidad y su poder como Hijo de Dios, poniéndose presuntuosamente en peligro para obtener la protección milagrosa de Dios. Esta tentación nos sucede muchas veces cuando presumimos de la misericordia de Dios y posponemos nuestro arrepentimiento. Gracias a Dios; tú y yo sabemos la alegría que nos da superar las tentaciones. Demos gracias a Dios en esta Eucaristía por nuestras propias victorias sobre las tentaciones y por las victorias de nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo.
Con toda confianza cantamos con el Salmista de hoy y afirmamos con San Pablo: «Quédate conmigo, Señor, en la tribulación», especialmente cuando las situaciones quieran hacerme decidir entre Tú y el diablo (dinero) … Nadie que crea en Ti quedará confundido; todo el que invoque Tu nombre será salvo. Que la gracia de Dios nos traiga más victorias sobre nuestras tentaciones de cada día…