02.03.2025 – Villanueva del Arzobispo – Iznatoraf (Jaén)

Crecer en la fe

Eclesiástico 27, 4-7, Salmo 91, 1Corintios 15, 54-58, Lucas 6, 39-45

Estamos comenzando el mes de marzo, un mes que nos lanza a la primavera. La primavera es también un tiempo para crecer en la fe, y es bueno comprobar si las enseñanzas de Jesús están arraigando en nuestros corazones. Las lecturas de hoy se centran en la constancia en la fe. San Pablo nos anima a «ser constantes, sabiendo que nuestro trabajo no es en vano». Tenemos que ser así, si de alguna manera queremos llevar a otros hacia Jesús, y ayudarles a crecer espiritualmente, igual que esperamos crecer nosotros mismos. Pero, por muy firmes que seamos en la fe, se nos advierte que no dejemos que arraigue en nosotros una actitud sentenciosa. Jesús puso esta advertencia en un símbolo dramático: No intentes quitar la mota de polvo del ojo ajeno hasta que no hayas quitado la viga de tu propio ojo. No debemos corregir farisaicamente a los demás sin evaluarnos honestamente a nosotros mismos.

Jesús advierte contra el fariseísmo. No basta con cumplir la letra de la ley, porque Dios escudriña el corazón. Tenemos que hacer lo correcto desde la intención correcta. Quiere que practiquemos la autocrítica y seamos conscientes de nuestros motivos. Tenemos que dirigirnos a Dios dentro de nuestro corazón, para purificar nuestras intenciones más íntimas. A esto se refería el rey David cuando oraba: «Señor, crea en mí un corazón puro; pon en mí un espíritu firme».

El Evangelio nos recuerda que los ciegos no pueden guiar a los ciegos, que necesitamos sacar la viga de nuestro propio ojo para poder ayudar (aunque no juzgar) a los demás. En la sociedad humana, unos son responsables de guiar y animar a otros. Por ejemplo, los padres y abuelos tienen la responsabilidad de mostrar a sus hijos y nietos, con el ejemplo, por supuesto, pero también con palabras, cómo llevar una vida decente. Uno no puede comprometerse a guiar a los demás hasta que no tiene un buen sentido de los valores: no sólo hay que estar bien informado, sino también comprometerse a corregir las propias deficiencias. Como sabe todo profesor, uno empieza a aprender algo de verdad cuando intenta enseñárselo a los demás. Todo padre sabe que el mero hecho de tomar conciencia de la necesidad de enseñar a vivir a los hijos le anima a comportarse de un modo más cristiano.

Se nos invita a evaluarnos a nosotros mismos, nuestras carencias, nuestras deficiencias, entonces podremos ser realmente nuestra mayor ayuda para los que nos rodean.