20.11.2024 – Villanueva del Arzobispo (Jaén)

Pre-Parusía: El tiempo de la prueba
Apocalipsis 4,1-11, Salmo 150, Lucas 19,11-28
Justo después de esta parábola viene el relato de la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un asno, mientras la multitud le aclamaba: ‘Bendito el rey que viene en nombre del Señor’. Su entrada casi real en la ciudad llevó a algunos de sus seguidores a pensar que el reino iba a llegar pronto. La parábola pretende contrarrestar cualquier expectativa de que el reino de Dios fuera inminente. Por el contrario, habría un largo intervalo entre el nombramiento de Jesús como rey (la resurrección) y su regreso al final de los tiempos. Este intervalo es una oportunidad para el servicio leal, un tiempo para utilizar provechosamente los dones y recursos que se nos han dado.
La parábola cuenta cómo, a la vuelta del rey, sus partidarios tuvieron que demostrarle su lealtad y responder de su comportamiento durante su ausencia. ¿Habían actuado con prudencia durante su ausencia? ¿Habían obtenido beneficios en su nombre con el dinero que les había prestado, utilizando bien sus talentos? La máxima «Úsalos o piérdelos» se aplica a las lenguas extranjeras, pero puede referirse a cualquier talento que tengamos. Podemos parafrasear la parábola así: «Si utilizas tus talentos al servicio de los demás serás recompensado; pero quien no esté dispuesto a compartir sus talentos será más pobre por ello».
Por ejemplo, uno de los siervos que había recibido un gran préstamo no hizo nada útil con él, por miedo a perderlo. El miedo le dejó indeciso, incapaz de actuar. Es sorprendente la frecuencia con que Jesús dice: «No tengáis miedo». Sabía que el miedo puede impedir que las personas den lo mejor de sí mismas. Lo contrario de la fe no es tanto la incredulidad como el miedo. Si superamos nuestros miedos, facilitamos que los demás hagan lo mismo. Nos ayudamos y animamos mutuamente mostrando valentía.
La pregunta que se nos plantea hoy es, ¿cómo estamos utilizando las cosas buenas, los dones, los recursos, los talentos que Dios nos ha dado? ¿Estamos sacando provecho de ello, ayudando a nuestros hermanos necesitados, emocional, material o espiritualmente? O lo estamos escondiendo como el siervo de la parábola de hoy. Mientras anticipamos y esperamos la segunda venida de Cristo, nos corresponde demostrar que somos siervos dignos cuando él venga. Para que podamos oír al Maestro decirnos: «Bien, siervo bueno y fiel, porque has sido fiel sobre poco vendrás y heredarás el Reino».
El salmista de hoy nos recuerda que es nuestro deber como criaturas de Dios alabar al Señor: «Todo ser que alienta, vive y respira alabe al Señor». Que la alabanza a Dios no se apague nunca de nuestros labios al unirnos al coro celestial para cantar en la primera lectura de hoy «Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existieron y fueron creadas».