21.07.2024 – Iznatoraf – Villanueva del Arzobispo (Jaén)

Venid a descansar un poco

Jeremías 23,1-6, Salmo 23, Efesios 2,13-18, Marcos 6,30-34

La liturgia de hoy gira en torno al tema del pastoreo y, por implicación, del liderazgo tanto en la Iglesia como en la sociedad. Las preguntas principales son: ¿hasta qué punto eres responsable como líder? En tu familia como padre, madre, abuelos; en tu lugar de trabajo como jefe o gerente; en la escuela como profesor, director, etc.; en la Iglesia como presidente de la cofradía, catequistas, etc.; como alcalde o concejal del pueblo, etc. ¿Hasta qué punto eres proactivo como líder? ¿Qué hay de los miembros débiles de tu grupo: los enfermos, los ancianos, ¿los vulnerables? ¿Construyes la unidad y la paz? ¿O divides y dispersas a los miembros de tu grupo? La primera lectura es un fuerte mensaje a los pastores: “¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi prado!” El Evangelio dice que cuando Jesús vio a la multitud: “tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor…”. Tal compasión le movió a suspender todo lo demás que estaba haciendo y se puso a enseñarles.

Sin embargo, hay otra lección sublime del Evangelio. El domingo pasado leímos cómo Jesús envió a los discípulos en misión. Todos salieron en misión. Hoy, invita a cada uno de ellos a reunirse a su alrededor para descansar un poco y reflexionar sobre lo que han hecho hasta ahora. Como los discípulos, Jesús nos invita también a nosotros a reunirnos en torno a él, a contarle lo que hacemos, lo que hemos hecho y lo que enseñamos a los demás para ver y verificar si estamos haciendo bien la misión. “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.” Esta es la invitación que Jesús nos dirige hoy. Es una invitación a encontrarnos con él en la intimidad de nuestro tiempo personal con él en oración. Si te has enfadado con tu jefe, si tienes la tentación de comprometer tu conciencia, si estás agitado por problemas familiares o atribulado por una mala relación amorosa, detente un momento. Busca esos momentos en los que estás a solas con Cristo, con su Evangelio, para saber qué piensa Él de esos problemas, de tus angustias.

El jueves pasado, leímos de Mateo 11: 28-30 donde Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.” Nos invita a tener momentos de diálogo con Él. Para ello, el silencio es muy importante. Vivimos en una sociedad muy ajetreada y ruidosa. Hay ruido por todas partes. Es en el silencio donde escuchamos a Dios; escuchamos a Dios que nos habla; en el silencio, escuchamos nuestra conciencia; permitimos que nuestra conciencia evalúe lo que hemos hecho y lo que pensamos hacer. En medio del ajetreo y el bullicio de la vida, necesitamos crear un espacio, un tiempo y un ambiente de silencio para decirle a Jesús lo que estamos haciendo y lo que nos agobia. Esos momentos nos ayudan a aclarar nuestras opciones de acuerdo con lo que a Él le gusta.

Recordemos que Jesús volvía para atender las necesidades de la gente, después de los momentos de reflexión y retiro. Esto significa que esos momentos de diálogo interior con Dios nos ayudan a servir mejor a las personas que nos han sido confiadas. El filósofo griego Sócrates dijo una vez que “una vida no examinada no vale la pena ser vivida.” En esta época del año, muchas personas se toman sus vacaciones; esos momentos también podrían ser ventajosos si creamos un tiempo para dialogar con Dios.