14.02.2024 – Iglesias de Villanueva del Arzobispo – Iznatoraf (Jaén)

Joel 2,12-18, Salmo 51, 2Corintios 5,20-6,2, Mateo 6,1-6.16-18
Hoy comienza la Cuaresma. Son 40 días de ejercicios espirituales de oración, ayuno y limosna; para desaprender ciertos malos comportamientos, vicios y malos hábitos; y para adquirir ciertas virtudes. Algunas virtudes pueden adquirirse mediante estos ejercicios espirituales. Como los israelitas hicieron 40 años de camino hacia la tierra prometida liberándose de la esclavitud de los egipcios, así nosotros hacemos estos 40 días liberándonos de las cadenas y la esclavitud de los pecados habituales; con oración y ayuno como hizo Jesús en el desierto.
Es el momento de mirar dentro de nuestro corazón. El corazón es el aspecto más interior y más secreto de la vida humana. Dios nos llama a través de Joel a desgarrar nuestro corazón y abrirlo ante Él, que es el único que escruta el corazón y conoce los secretos de nuestra vida. Los pecados secretos los conoce el corazón. La Cuaresma nos llama a una verdadera conversión del corazón y no sólo a manifestaciones externas de religiosidad. “Rasgad vuestros corazones, no vuestras vestiduras” dice el Profeta Joel en la primera lectura.
Rezamos y ayunamos del pecado, para desaprender los malos hábitos; ayunamos de entregarnos a estilos de vida ostentosos y extravagantes, para compartir con los menos privilegiados. Este tiempo de Cuaresma nos llama a compartir nuestro pan con los hambrientos. La alegría de la Pascua se agudiza al mirar atrás después de estos 40 días y hacer un recuento de lo que uno ha logrado espiritualmente, los vicios desaprendidos, las virtudes adquiridas, los pobres necesitados atendidos. Nos sentimos bien haciendo esto sin ningún interés egoísta, sin gritarlo ni tocar trompetas al respecto, sin que la mano izquierda sepa que la derecha ha dado pan a los pobres.
Al recibir la ceniza hoy, recordamos el propósito de la Cuaresma: es un ejercicio de limpieza y santo deseo, ayudado por algunas prácticas penitenciales: oración, ayuno y limosna. Comenzamos este tiempo recibiendo la ceniza. La ceniza nos recuerda que somos polvo y al polvo volveremos así que es tiempo de arrepentirnos y creemos en el evangelio. A imitación del tiempo que Jesús pasó en el desierto antes de comenzar su ministerio público, la Cuaresma dura cuarenta días y nos prepara para una implicación más eficaz en nuestra vocación de cristianos.
Decidámonos a hacer que la Cuaresma de este año merezca la pena mediante nuestro compromiso con los tres piadosos actos de Oración, Ayuno y Limosna. Acordémonos de reconciliarnos con Dios, con la Iglesia y con nuestros hermanos, especialmente mediante el sacramento de la penitencia (confesión). Recordemos que somos polvo y al polvo volveremos todos. Volvamos todos al Señor de todo corazón.