24.12.2023 – Villanueva del Arzobispo (Jaén)

Hoy ha nacido nuestro Salvador, Cristo Señor
Isaías 9,1-7, Salmo 95, Tito 2,11-14, Lucas 2,1-14
¡Feliz Navidad a todos! Después de unas cuatro semanas de preparación al Adviento, celebramos esta noche una Eucaristía de acción de gracias a Dios por lo que hizo por la humanidad hace más de dos mil años en Belén. El profeta Isaías lo capta perfectamente en la primera lectura de hoy: “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; los que vivían en una tierra de profundas tinieblas sobre ellos ha brillado la luz.” Hoy celebramos al que nació para ser la Luz del mundo, cuya misión primordial es disipar las tinieblas del error y del pecado en la humanidad. Este es el tema que explora muy bien el apóstol Pablo en la segunda lectura: la salvación que nos trae Cristo nos capacita para renunciar a la impiedad y a las pasiones mundanas, nos hace piadosos y rectos mientras esperamos la Parusía.
Es el acontecimiento de la Navidad el que nos convierte a todos y cada uno de nosotros en Hijos de Dios, pues, como subraya san Ireneo, “el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios” (CIC 460).
Porque ha nacido el Salvador, el salmista nos invita a “cantar un cántico nuevo al Señor, que se alegren los cielos y se regocije la tierra, que todos los seres vivientes den gritos de júbilo ante la presencia del Señor, porque viene, viene a dominar la tierra.” El Evangelio nos recuerda que, al nacer el Salvador, los coros celestiales alababan a Dios y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los que le complacen!”
La Navidad es tiempo de alegría. Es una celebración de esperanza. Navidad la época más alegre del año, con villancicos, cenas con la familia y los amigos, vacaciones, regalos y gestos de caridad y gratitud. Imagino que estamos esperando a que termine esta Misa para ir corriendo a casa a cenar en esta Noche Santísima.
Pero mientras lo celebramos, no olvidemos el mensaje del Evangelio: “Y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (Lc 2, 7). Lucas describe el nacimiento de Cristo en Belén con algunos detalles que merecen atención – dice “no había sitio para ellos en la posada…” Podemos imaginar que José y María fueron de un lugar a otro buscando sitio, pero nadie estaba dispuesto a ceder su espacio para ellos. Nadie estaba dispuesto a hacer un pequeño sacrificio por ellos en un momento de tanta necesidad. Así que no les quedó más remedio que utilizar el pesebre. Esto es una acusación a la humanidad. Esto es lo que cantamos esta canción famosa de adviento “el mundo muere del frio, el alma perdió el calor, los hombres no son hermanos, el mundo no tiene amor. Ven, ven Señor, no tardes.”
El Señor ha venido. Nos invita a todos a crear espacios para nuestros hermanos. Nos invita a no hacer la vista gorda ni ser indiferentes ante las necesidades de nuestros hermanos. La gran prueba de la Navidad es fácil. ¿Cuándo fue la última vez que tendimos la mano a alguien necesitado? que abrimos el corazón o el hogar a alguien necesitado? Cualquier llamada a mi puerta sin respuesta puede ser una negligencia de Cristo. Si ÉL no nace en mi corazón y en mi casa esta Navidad, lo que sucedió en Belén hace mucho tiempo no tiene raíz realmente en mi corazón. Acudid, fieles, alegres, triunfantes; venid, venid a Belén; ved al nacido Rey de los ángeles; Venid adoremos al Señor.