04.06.2023 – Iznatoraf – Villanueva del Arzobispo

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo

Ex 34, 4-6.8-9; Sal (Dan 3, 52-56); 2Cor 13: 11-13; Jn 3: 16-18

Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. En la Iglesia empezamos cada celebración en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. En el bautismo fuimos todos bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Cada bendición en la Iglesia se hace en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Cada vez que hacemos la señal de la Santa Cruz estamos profesando la fe de la Trinidad – la fiesta que celebramos hoy.

La Santísima Trinidad es uno de los misterios fundamentales de la fe: el misterio de las tres personas distintas en un solo Dios: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. La Trinidad es la unidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como tres personas en una sola divinidad. La Trinidad es una de las afirmaciones cristianas centrales sobre Dios. Su origen es de hecho de que Dios salió al encuentro del hombres en triple formas:  (1) como Creador, Señor de la historia de la salvación, Padre y Juez, tal como se revela en el Antiguo Testamento; (2) como el Señor Redentor, que, en la figura encarnada de Jesucristo, vivió entre los seres humanos y estuvo presente en medio de ellos como el “Resucitado”; y (3) como el Espíritu Santo, al que experimentaron como abogado, ayudante o intercesor.

La pregunta que viene a la mente en el primer encuentro con la doctrina de la Trinidad es: ¿Tres personas en un Dios?, ¿cómo podría ser? De hecho, debe provocar una pregunta.  La Iglesia enseña que: “La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas, la Trinidad consubstancial. Las personas divinas no comparten una divinidad entre sí, pero cada uno de ellos es Dios todo y entero… Las personas divinas son realmente distintas entre sí. Dios es único, pero no solitario. Padre, hijo, Espíritu Santo no son simplemente nombres que designa las modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí” (CIC 253-255, p.82-83). Dios es uno en esencia, pero tres en persona. Esta definición expresa tres verdades cruciales: (1) el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son Personas distintas, (2) cada Persona es plenamente Dios, (3) sólo hay un Dios. Esto es exactamente lo que profesamos en el credo: Creo (creemos) en Dios Padre, creador del cielo y de la Tierra; creo (creemos) en Jesucristo, su Hijo Unigénito; creo (creemos) en el Espíritu Santo, Señor y dador de la vida.

En la primera lectura vemos la obediencia y la humildad de Moisés delante de Dios. En la segunda lectura, Pablo nos anima a “permanecer unida y vivir en paz.” El Evangelio nos recuerda que “Dios envió a su hijo para que por medio de él podría salvar el mundo.” Unidad, comunión, amor y familia son valores que debemos aprender de la Santísima Trinidad. La Trinidad es una comunidad, la comunión de tres en uno, la familia en cuya imagen podemos construir nuestra propia comunidad humana. La Trinidad es un misterio. Un misterio es una realidad, una verdad de Dios que no se puede explicar ni entender plenamente. Pero quedamos con las enseñanzas de la Trinidad: amor y unidad. Al celebrar la Trinidad, celebramos el amor y la unidad que existen en la Divinidad. Por tanto, estamos invitados a construir nuestras vidas y relaciones humanas siguiendo el modelo trinitario de comunión de amor.