26.12.2021 – Mogón – Arroturas – Villacarrillo

Somos una gran familia humana

Sirac 3: 2-6, 12-14, Salmo 127: 1-5, Colosenses 3: 12-21, Lucas 2,22-40

El domingo siguiente de Navidad se celebre como Fiesta de la Sagrada Familia. Navidad es una fiesta familiar. Este niño nace de un padre y una madre. Nace de padres pobres. Nace de padres humildes. Nace de padres normales. Nace en un pueblo y una comunidad. Pero este niño también es el Príncipe de la paz. Este niño es acogido en los brazos de los abuelos. Es una alegría por los tíos, tías y primos. El niño que celebramos en Navidad crezca como todos los niños normales de la familia. La sagrada Familia es como cualquier otra familia. Tienen sus propios problemas. Así que todas las familias son básicamente iguales. La familia está formada por seres humanos nacidos a imagen y semejanza de Dios, la familia está formada por individuos con sus diferentes caracteres. Entonces, ¿qué distingue a una familia de la otra? ¿Qué hace que una familia ser un modelo para otras? ¿Qué une a una familia? ¿Qué hace que una familia sea más alegre que otras? El fondo de la vida familiar es el amor y la comprensión. Entender que todos somos seres humanos y que nos equivocamos en un momento u otro. Entendiendo que nos equivocamos. Entender que todos necesitamos perdón y misericordia. Entendiendo que somos familia y por eso debemos cuidarnos y protegernos unos a otros y no actuar como Caín que cuando le preguntaron “¿dónde está tu hermano?” por Dios respondió: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”

Hoy, la Iglesia nos presenta esta familia modelo de Jesús, María y José. Las lecturas de hoy hablan de la vida familiar. Y nos invitan a reflexionar sobre aquellas virtudes que ayudan a construir la familia. La primera lectura merece una segunda y tercera lectura de cada uno de nosotros. Se trata del amor y la comprensión mutuos que deben existir entre el padre, la madre y el niño. “Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.” Y añade “quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece el Señor.” Esto parece fácil cuando el niño es pequeño y los padres son fuertes. Pero ¿qué sucede cuando los padres (padre, madre) envejecen, o se enferman? Nuestros padres ya mayores merecen nuestro amor y comprensión mientras vivan. Desafortunadamente, vivimos en una sociedad capitalista que se apresura a descartar lo débil, lo pobre y lo enfermo. Como familias cristianas, les debemos a nuestros padres amor, cuidado y comprensión sin fin. Las personas mayores son los tesoros de la iglesia y la sociedad.

La segunda lectura habla sobre maridos y esposas. Los esposos y las esposas deben amarse mutuamente. Cuando hay amor, hay sumisión y entrega mutuas. San Pablo nos anima hoy a ponernos “misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión, perdonándonos a unos a otros”. Estas son las virtudes que no deben faltar en la vida familiar, entre los padres con sus hijos, entre los maridos con sus mujeres.

Ninguna familia es perfecta. Nadie elige a su familiar. Tenemos que amar y apreciar a nuestras familias. Tenemos que crear tiempo y espacio para nuestras familias. Escuchémonos y perdonémonos. No olvidemos que, además de pertenecer a nuestras familias particulares, todos pertenecemos a la gran familia de Dios, la Iglesia y la familia más grande de todas, la humanidad. Pedimos la gracias de Dios de amar, abrazar y aceptar a todos los miembros de nuestra comunidad parroquial y a la humanidad como nuestra propia familia.

Quiero terminar esta reflexión con las palabras de Papa Francisco: “Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos. No digamos la suegra perfecta …Existimos nosotros, los pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón.” ¡Que el ejemplo de la Sagrada familia de Jesús, María y José inspire a nuestras propias familias!